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Hijos en común sin estar casados, ¿cómo separarse?

By 21 abril, 2022Sin categoría

En España, las parejas no casadas gozan de reconocimiento legal, lo que incluye el derecho de ejercer la patria potestad sobre los hijos. Sin embargo, cuando se produce una ruptura en la relación surgen cuestiones que se deben zanjar a la brevedad posible. Una de las más importantes es con relación a los hijos en común, especialmente en lo referente a la custodia y la pensión alimenticia.

A continuación, veremos cómo afecta, desde el punto de vista legal, la ruptura de la pareja y cuál debe ser la relación entre padres e hijos. Lo anterior en vista que se trata de una pareja que no está casada. Además, consideraremos las obligaciones que persisten en los progenitores a pesar de la ruptura.

¿Separación o divorcio?

En primer lugar, es importante determinar si la ruptura de una pareja no casada corresponde a un divorcio o a la separación. La respuesta a esta cuestión es realmente sencilla y no se presta a interpretaciones de ningún tipo. Para entenderlo mejor, primero tenemos que comprender qué es el divorcio.

Dicho en términos sencillos, el divorcio es la disolución del contrato matrimonial. Recordemos que desde la óptica del legislador, el matrimonio es una forma de sociedad regulada a través de un contrato, especialmente porque tiende a modificar el patrimonio personal. Al mismo tiempo, se trata de un convenio en el que ambas partes se comprometen a cumplir con lo que les corresponde. Así, cuando se produce un divorcio se disuelve el contrato y se establecen mecanismo para la disolución de la sociedad matrimonial. Por ejemplo, si tenían bienes en común, debe procederse a la repartición patrimonial y la liquidación de la sociedad. Además, esta acción corresponde a rescindir el contrato que vincula a los contrayentes como matrimonio.

Ahora bien, si el divorcio constituye la disolución del contrato matrimonial significa que para divorciarse es necesario primero casarse. Por lo tanto, una persona que no está casada no puede divorciarse, pues no hay nada que disolver, es decir, no hay un contrato matrimonial de por medio. Entonces, en el caso que nos ocupa, la ruptura de una pareja no casada sencillamente corresponde a separación. No se puede demandar el divorcio porque no están unidos en sociedad matrimonial. Sin embargo, eso no significa que la separación anule las obligaciones previamente adquiridas.

Custodia de los hijos en común.

Cabe destacar que el hecho que no haya un contrato matrimonial que disolver no significa que no existan obligaciones que deban cumplirse. Este es el caso con respecto a los hijos en común, puesto que sin importar cuál sea la relación existente entre los padres los vínculos filiales aún se mantienen vigentes. Por lo tanto, es imprescindible definir claramente el tipo de custodia aplicable. Es importante aclarar que el hecho que no haya existido un documento legal que uniera a la pareja no significa que no deba redactarse uno para establecer claramente el tema de la custodia. De hecho, el proceder más recomendable es dejar por escrito todos los acuerdos para evitar desacuerdos futuros.

A este respecto, existen 4 tipos de custodia para menores. De estas, las más comunes son dos, a saber, la custodia monoparental y la compartida. Como su nombre lo indica, en la custodia monoparental únicamente uno de los progenitores ejerce la custodia de los hijos en común. En esta modalidad, el progenitor que no tiene la custodia deberá otorgar a la contraparte una pensión alimenticia destinada al cuidado y mantenimiento de los menores. Cabe destacar que el padre que tenga la custodia no puede impedir que el otro progenitor visite a sus hijos, a no ser que haya una resolución judicial de por medio. De hecho, debe establecerse en la mayoría de los casos un régimen de visitas para que los menores puedan convivir con ambos progenitores.

Por otro lado, la custodia compartida es una modalidad en la que ambos padres participan activamente en el cuidado y mantenimiento de los hijos en común. Lo más habitual es que se establezcan mecanismos para que los menores pasen períodos claramente definidos con sus progenitores. Es interesante notar que no existe ninguna regla predefinida, por lo que los padres pueden definir cómo se dividirán la custodia. Por ejemplo, quizá decidan que cada dos semanas los hijos cambien de residencia, con el consecuente cambio de custodia. En esta contexto, es importante destacar que en el régimen de custodia compartida no se puede exigir ningún tipo de pensión alimenticia, puesto que ambos progenitores participan activamente para cubrir las necesidades de los menores.

Cómo definir el régimen más adecuado.

Tomando en cuenta todo lo anterior, surgen varias cuestiones. En primer lugar, ¿cómo se determina el tipo de custodia? Pues bien, lo más recomendable es que se tomen las decisiones por común acuerdo. De esta forma la pareja podrían definir claramente las responsabilidades y derechos de cada uno. Sin embargo, aunque haya un aparente acuerdo lo mejor es ponerlo todo por escrito, pues solamente de esta forma se crea la obligación de cumplir con lo estipulado. 

Aunque el escenario más recomendable es que haya acuerdos referente a la crianza de los hijos, lo cierto es que esto ocurre en pocas ocasiones. De hecho, precisamente la razón por la que muchas parejas afrontan una ruptura se debe a la incapacidad de llegar a un acuerdo en conjunto. Por eso, lo más habitual es que sean los juzgados los encargados de definir el régimen de custodia para los hijos en común. 

Ahora bien, existe la posibilidad de que los padres tengan propiedades en común. En este caso, es indispensable aclarar quién tomará posesión de cada una para proceder a su liquidación. Este es uno de los procesos de separación que más estrés suele causar. La razón principal es que existen diferentes variables que deben tomarse en consideración. 

Como puede notarse, son varios los detalles que deben tomarse en cuenta ante la inminente separación. En cualquier caso, la recomendación es contar con la asesoría de abogados expertos en derecho de familia para asegurar que el resultado sea el mejor para todos los implicados.